Las puertas sagradas

Crónica

opinión

La reacción de las iglesias

Buenos Aires, Argentina

«¿Cómo se explica que ciertas iglesias, sinagogas, mezquitas, pagodas, templos, basílicas y catedrales permanezcan cerradas, mientras a sus puertas mueren personas de frío? ¿Cuál es la base doctrinal para que sus sacerdotes, pastores, clérigos, imanes, curas, capellanes, presbíteros y rabinos guarden las llaves o abran solo un día a la semana?»

Cada vez que llegan las mañanas frías de invierno, es duro pensar que no todos —más bien muy pocos— tienen gas natural; y que calefaccionarse o al menos entibiarse para safar la noche es para ellos una tarea dificilísima.

Ellos son más de los que suponemos, pero especialmente para ellos: quienes están en situación de calle, pasar la larga noche invernal es un riesgo de muerte.

Por eso circula en redes sociales una campaña que reza: «abran las iglesias». La vi en los estados de un par de amigos; como información breve casi perdida entre tanto fútbol, show y polémica partidaria. Vi también el posteo que publicó revista Sudestada:

«el Estado desapareció y no otorga ninguna solución: apenas, hubo algún funcionario que señaló (sin vergüenza) que mucha de la gente que duerme en las calles “no quiere ser ayudada”. Sin esperar respuesta de un Estado ausente, muchos grupos vecinales se solidarizan cada noche y salen a la calle a repartir abrigo y comida. Pero no alcanza. En todo caso, tampoco se escucharon voces solidarias desde las distintas iglesias locales, dueñas de centenares de templos y edificios que bien podrían albergar por esta noche a los que el sistema expulsa a las calles, a quienes no tienen el privilegio de un hogar para ellos o para sus familias.»

El pedido propuesto con el # es concreto, propositivo y consciente, pero derivó en un cruce de opiniones típico de facebook: aparecieron ad-hóminem, puteadas, cargadas y el tema de fondo se desvió.

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