Desde las sombras

Crónica | Fotoensayo

Cobertura

Infancia en situación de calle

Santa Cruz de la Sierra, Bolivia

Entonces, Bolivia. Me instalé en Santa Cruz de la Sierra. Desde el bus, al retornar del trabajo, veía a diario un grupo de jóvenes apostados en una esquina de la avenida Alemana. Estaban ahí casi siempre, como si estorbaran, frente a un casino que ya no existe. Por eso les llamábamos la familia Casino. Las familias se establecen en zonas, que defienden y protegen. delimitadas por códigos y marcas grafiteadas en las paredes. Una tarde, decidí hacer el viaje de vuelta a casa caminando. Probar suerte, obligar el encuentro. Quería escucharlos y saber si la placita de mi infancia y esa esquina eran coincidencia o se repetían las historias. Volver caminando se tornó un hábito: nos conocimos y entramos en confianza. Llegado el momento, les comenté que lo que me decían tenía que saberse. En mi tercera visita, llevé la cámara.

Padre de familia

Esa tarde agobiaban casi cuarenta grados centígrados. Palo, el más histriónico, me pidió fotos mientras intentaba dominar una vieja pelota que apareció quién sabe de dónde. Después hicimos unos pases, ahí mismo en la vereda, aunque no estuve certero. Les dije que mi padre había querido que fuera futbolista pero le frustré el sueño. Varios rieron. José, el mayor, me miró sin verme: —Buena suerte, gaucho. Al menos tuviste padre.

De los trece miembros regulares de la familia Casino, nueve habían pasado parte de sus infancias en centros de acogida. Su mayor necesidad es el afecto. Padres ausentes, alcohólicos o en prostitución. Con la ruptura de vínculos llega el rechazo y marginación social. En el grupo suele haber uno que ejerce de cabecilla, no siempre es el más fuerte, sino quien tiene más carisma. En muchos casos, el líder es quien cumple con mayor eficacia la función de padre. José, el padre de los Casino, tiene 27 años. Es el miembro de mayor edad. «Yo vivo de milagro», me dice abriendo su chompa y no sé si se refiere a sus creencias o a la cantidad de cicatrices y esa hernia abdominal que asoma bajo su ropa.

«Uno quiere cambiar, claro que quiere cambiar. Para que me quieran… yo quiero que me quieran», implora Brian antes de pegarse un vuelo.

Los niños en situación de calle se agrupan formando familias, no solo como mecanismo de defensa, sino porque buscan un mínimo de cariño que encuentran en la comida compartida, en la compañía de los perros, en la botella de c’Kanelao —el licor de alta graduación más barato del mercado— que se pasa de mano en mano.

La inhalación de clefa o poxi, un pegamento compuesto de tolueno, benceno y hexano, produce efectos de manera inmediata. Son sustancias altamente adictivas que provocan alucinaciones y depresión, dificultad en el habla y graves lesiones en el sistema nervioso. Si se mezclan con alcohol, su poder destructivo es enorme. En pocas palabras: se detonan el cerebro varias veces al día, hasta que ya no queda más.

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