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EdiciónJune 02, 2023

Las condiciones de la libertad

Conocí la historia de Alberto Torroba, cuando la extraordinaria periodista, lectora, escritora y amiga Ángeles Alemandi me contó que —junto con Lauti Bentivegna, otro groso— habían ganado un apoyo del Fondo Nacional de las Artes para realizar un proyecto de escritura de no ficción.

Necesitaban un editor para terminar de preparar crónicas. Una de ellas, la particular historia de Torroba.

Así dice el lead de la nota que publicamos en Angular:

«Torroba pasó gran parte de su vida buscando una salida. En los ‘70 cargó una mochila y viajó a Europa. Cuando se hartó de Occidente conoció culturas milenarias en Asia y entendió que el verdadero viaje no es físico sino espiritual, allí aprendió las artes de la navegación de los antiguos polinesios. Esta es la voz de un hombre que a bordo de un tronco ahuecado cruzó el océano más grande del mundo».

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Las fotos son de Belkis Martin.
Las fotos son de Belkis Martin.

…y así comienza la crónica. Ésta es la voz de Torroba:

Crucé el océano Pacífico en solitario, en un velero que fabriqué con mis propias manos. Eso es lo que quiero que sobreviva de mí, mi bitácora de viaje, lo que decidí entonces que valía la pena contar.

No me gusta hablar de mí mismo. No me gusta que me tomen fotos. No quiero entrar a las redes sociales, no quiero dejar rastros sobre lo que es privado. Hoy todos hacen eso: publicitan estupideces en Internet. Que deje rastros Einstein o un escritor muy importante, bueno; pero no un tipo que está haciendo tallarines.

Desde sus palabras me parecía un tipo único, alguien que expande.

Conseguí una de las pocas copias perdidas de su libro. Lo devoré y decidí conocerlo personalmente. Aún vive en un paraje perdido del norte pampeano. Y sí, es tal cual lo imaginaba; tal cual lo describió Ángeles en su crónica.

Transcribo algunas de sus ideas:

  •  A los 15 ya era anarquista, no de estar en el partido, sino como decía Borges, un «anarquista inofensivo»No creía en nada, veía el circo humano y me gustaban los personajes raros. Me siguen gustando.
  • A medida que avanzaba hacia el este me daba cuenta de que los occidentales somos parte de una civilización etnocentrista, consumista, corrupta. Y nos creemos que llevamos la libertad a cuestas.
  • Para mí esa es una de las condiciones de la libertad: que nadie te conozca interiormente. No por cobardía, ni nada, sino porque ni yo mismo sé quién soy.
  • …estar solo, en la noche, en una cosa que se mueve, sobre el mar que es gigante, es un monstruo. Lo que yo hice fue una apuesta única. La muerte podría haber ocurrido. Vos estás ahí y tomás conciencia. Es una sensación que te pone fuerte, intenso, serio. Lo que está ocurriendo acá no es joda.
  • La vida depende del viento. Y el horizonte.

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